Curar no es lo mismo que sanar. En el Evangelio aparece claramente: muchos fueron curados por el Salvador. Bastantes recibían la confirmación de una sanación integral, no solo del cuerpo: "Tu fe te ha salvado". Las Salvatorianas, que tomamos el nombre de nuestro Divino Salvador, tratamos de ser colaboradoras del mismo Salvador en el anuncio del Reino de Dios, intentando acercar a todas las gentes, a través de todos nuestros diversos apostolados, al Divino Salvador, que es el único que salva plenamente. "Esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, oh Dios, y al que has enviado, Jesucristo" (Jn 17,3)
En 1888 el Fundador, Padre Francisco María de la Cruz Jordán, llamó a Teresa von Wüllenweber, quien residía en el noroccidente de Alemania, para fundar en Tívoli, cerca a Roma, la rama femenina de la actual Familia Salvatoriana. Teresa recibió el nombre religioso de María de los Apóstoles. Las otras ramas son la Sociedad del Divino Salvador (religiosos: Sacerdotes y Hermanos) y la Sociedad Internacional del Divino Salvador (laicos: hombres y mujeres, solteros y casados, comprometidos a vivir el espíritu Salvatoriano en su vida diaria).